
Camilo Castaña todas las mañanas se levantaba con el mismo propósito, un propósito poco común para la mayoría de vecinos de su pueblo Piedramascota dedicados a la minería y a la cría y exportación de animales exóticos que se daban en aquella zona de las montañas. Como decía, Camilo tenía un propósito, y era el de construír un castillo a 121 kilómetros de su casa. Normalmente sus días (incluidos sábados y domingos) transcurrían de la misma manera:
Camilo se levantaba, se duchaba, regaba sus bonsáis, desayunaba aceite con pan y zumo de naranja, se calzaba sus botas de caminar y limpiaba su habitación, muebles, baños, etc… cuando terminaba sus labores domésticas, cargaba su mochila de bloques de piedra y paso a paso, kilómetro a kilómetro llegaba a la zona de construcción de su castillo (121 kilómetros después). El lector se preguntará -¿y cómo soportaba tal caminata diaria? ; ¡Nos estás mintiendo, Mr Vértigo! , pero el narrador que si no escribe como quisiera si sabe de verdades y mentiras, advierte ya al bienaventurado lector que todo lo que aquí se cuenta es cierto.
Caminaba aquellos ciento y pico kilómetros cantando viejas canciones de su pueblo, imaginándose quién dormiría en cada aposento y las tramas palaciegas que ocurrían tras aquellos bloques de piedra que el carga a sus espaldas, historias de príncipes, princesas, conspiraciones, doncellas, dragones , el gobierno de un futuro imperio, batallas , celebraciones, convites , descubrimientos de alquimia… imagínense 121 kilómetros en soledad… ¿cómo para no pensar, verdad ?
Muchos días se aburría y en mitad del trayecto se detenía y se planteaba si de verdad merecía la pena construir el castillo, pero siempre llegaba a la misma conclusión, deseaba de corazón ser él quien pusiera la última piedra , quien coronará su obra y quien disfrutará y viera disfrutar a quien quisiera del castillo.
Este pensamiento lo motivaba mes a mes, y le daba alientos cuando la lluvía le calaba los huesos o cuando el calor hacía incómodo el cargar con las piedras, Camilo sonreía porque sabía que pasase lo que pasase, lo conseguiría y… así fue.

